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Un ramito de violetas - Natalia Oreiro

Era feliz en su matrimonio,
aunque su marido era el mismo demonio.
Tenía el hombre un poco de mal genio,
ella se quejaba de que nunca fue tierno.

Desde hace ya más de tres años
recibe cartas de un extraño,
cartas llenas de poesía
que le han devuelto la alegría.

Quién te escribía versos, dime quién era.
Quién te mandaba flores por primavera.
Quién, cada nueve de noviembre, como siempre sin tarjeta, sí,
te mandaba yo un ramito de violetas, sí.

A veces sueña ella y se imagina
cómo será aquel que a ella tanto la estima,
será más bien hombre de pelo cano,
sonrisa abierta y ternura en sus manos.

Quién será quien sufre en silencio,
quién puede ser su amor secreto.
Ella que no sabe nada,
mira a su marido y luego se calla.

Quién te escribía versos, dime, niña, quién era.
Quién te mandaba flores por primavera.
Quién, cada nueve de noviembre, como siempre sin tarjeta, sí,
te mandaba yo un ramito de violetas, sí.

Te manda yo un ramito de violetas, sí.

Y cada tarde al volver su esposo,
cansado del trabajo, él la mira de reojo.
No dice nada porque él lo sabe todo:
Ella está así, feliz, de cualquier modo.

Porque él es quien le escribe versos,
él es su amante, su amor secreto.
Ella que no sabe nada,
mira a su marido y luego se calla.

Quién te escribía versos, dime, niña, quién era.
Quién te mandaba flores por primavera.
Quién, cada nueve de noviembre, como siempre sin tarjeta, sí,
te mandaba yo un ramito de violetas, sí.